Andrés Martínez de León nació en Coria del Río en 1895 y
llevó su acento andaluz como bandera durante toda su vida, cosa que reflejaba
en sus obras. Aunque el alma de sus viñetas recae sobre el personaje de Oselito.
Oselito representa el prototipo del andaluz por antonomasia.
Los trazos del personaje lo caracterizan con el sombrero de ala ancha, pajarita
y chaquetilla corta, y además, lo dota de situaciones propias de la idiosincrasia
andaluza, como las corridas de toros y, sobre todo, recalcando la pasión del
autor por el Real Betis Balompié.
Coria del Rio abarcará hasta el 31 de julio en el Museo de
la Autonomía Andaluza la primera gran exposición antológica sobre la obra de
Martínez de León. En esta galería encontraremos un repaso las peripecias y
singularidades de las obras del ilustrador, que fue condenado a muerte en los primeros
años de Dictadura, pero fue indultado por Franco.
Oselito, vida y obra
Se afirma que Oselito en los años previos y durante la
Guerra Civil llegó a ser más famoso que el mismo Micky Mouse. Su primera
aparición la encontramos en una viñeta en 1918, donde el humor y la sátira eran
protagonistas. La cosa cambia de tercio cuando llega la guerra, aparca el humor
y se entrega al compromiso de la causa republicana.
Oselito fue lo más demandado en los periódicos del país,
incluso da el salto a Rusia en 1935 donde conserva su fonética andaluza y las características
que lo definen, el sombrero de ala ancha y sus hechuras que emulan a la figura
de Joselito El Gallo, del cual procede su nombre.
Se podría hablar de una relación entre autor y el personaje.
Oselito abarca todo lo que Martínez de León no tenía. Es fuerte el contraste
entre la timidez del ilustrador con el punto gamberro y canalla de la
caricatura. Era constante la confusión entre ambos, diluyendo la línea entre lo
que es la realidad y la ficción.
Oselito y Martínez de León han pasado a la historia del
país, dejando un amplio legado para la posteridad. Destacaremos las ilustraciones
del Real Betis Balompié, que le fueron encargadas en 1958. Estas conmemoraban
el 50 aniversario del club, donde el humor y modus operandi de Oselito está en
plena esencia, y donde se repite la consigna que sigue hasta nuestros días “¡Viva
el Betis manque pierda!”.

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